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Nota “Soltar las Amarras”
Categoría: Noticias
“Después de todo… el amor lo hizo posible”
Teatraedro. Editorial Kier S.A.. Bs As, 2011, 1era Edición.
“Inquietante, movilizador, emotivo y entretenido son algunos de los adjetivos (…)”
[Mundo Bebé]
www.mundobebeweb.com/despues-de-todo…/notas_2638/
Estuvimos presentes en el programa de televisión “Aquí y Ahora”. He aquí los videos:
Bloque 1:
Bloque 2:
Aprender a perdonar
Categoría: Sin categoría
Esta Nota de la Revista Nueva, La Revista del Interior,
Lunes 5 de marzo de 2012
Aprender a Perdonar
Con amor y paciencia, luego de recorrer juzgados, entrevistarse con personalidades y hasta crear una fundación, Gabriela Arias Uriburu se reencontró con sus hijos y transformó el dolor en alegría y el rencor en comprensión.
El Día Internacional de la Mujer se presenta como una oportunidad para rendir homenaje a aquellas mujeres que, por distintos motivos, enaltecen su condición con su quehacer diario. Gabriela Arias Uriburu abrió caminos legales y vinculares para que otros pudieran salvar las diferencias y las distancias que imponen, a veces, los matrimonios interculturales. Ella priorizó a sus hijos y los lazos de amor que la unían a ellos, y por esta razón, marcó un hito.
Su historia comenzó en Guatemala, en 1997, cuando esta joven esposa y madre de 32 años se separó del empresario jordano Imad Shaban, y la tenencia de los hijos de la pareja quedó a cargo de ella. Sobre Imad pesó una prohibición de acercarse al grupo familiar, por encontrarse este bajo protección del juzgado de familia, medida judicial que, según parece, anticipó el desastre. El 10 de diciembre de ese año, Imad desapareció con Karim, Zahira y Sharif, lo que legalmente tomó el nombre de “secuestro parental”, y no fue sino hasta el 21 de marzo de 1998 que Gabriela supo que sus “pichones” se encontraban en Amán, Jordania.
Muchos de estos casos, en los que al conflicto conyugal se suma el cultural, se suelen resolver con un contrasecuestro de los hijos por parte del cónyuge perjudicado. Pero Gabriela decidió no tomar a los hijos como botín de guerra; supo que ese camino solo añadiría más violencia a la vida de los niños de 1, 4 y 5 años, y eligió el sendero de la legalidad, sentando un precedente que la convirtió en una pionera a nivel internacional.
Así se inició un largo camino: debió cambiar mamaderas y horarios escolares por informes a organizaciones de derechos humanos, audiencias con presidentes y autoridades judiciales de todo el mundo (Hillary Clinton incluida), y viajes a Jordania para visitar a sus hijos.–Hay algo que marca tu historia y es que construiste todo desde el cuidado de tus hijos y de la figura de su padre…
–Es importante lo que decís. No seguí los caminos convencionales. Quizá porque no empiezo con la historia de mis hijos, sino con la historia del divorcio de mis padres, que fue muy complicado y nos mantuvo separados mucho tiempo. Eso me dejó una huella que me llevó a no hacer con mis hijos lo que hicieron mis padres. No solo tengo la experiencia como madre, sino también como hija; se me cerró el círculo con los chicos. Por eso, tuve que crear una fundación por los derechos de los niños (la Fundación Niños Unidos para el Mundo). Yo salí de la cuestión de género, del conflicto matrimonial… No convertí a mis hijos en el brazo armado de esta situación. Había algo que clamaba mucho más que mi lugar de madre. Es fuerte lo que te estoy diciendo, y recién ahora lo puedo decir.
En todos estos años, Gabriela decidió quedarse con lo positivo de todo lo que pasó y capitalizar ese aprendizaje brutal. “La historia me hizo atravesar oscuridades, temores, infiernos… La idea fue salir de ella lo más rescatada posible. Yo veo gente que ha vuelto de su épica con cierto grado de violencia que la hostiga. Eso, en algún momento, se dispara. Imad, por ejemplo, es una persona que no sabe cómo resolver en él lo que pasó. Cuando uno hace un acto violento, eso tiene una consecuencia. Imad, hasta el día de hoy, sigue y sigue con lo mismo”.
–Él siempre temió que actuaras como él: realizando un contrasecuestro…
–Sí, quedó atrapado en una circunstancia propia. Le digo: “Por favor, aggiornate”. Es difícil para él. Imad es el ejemplo de lo que nos pasa a los padres cuando los hijos crecen. Seguimos con la colonia para bebés, cuando el chico ya huele y le salieron pelos por todo el cuerpo. El chico te dice: “Pará, no me trates como si fuera un bebé”. Hay que respetar el ser que el otro es. El respeto tiene que ver con que uno, en algún lugar, deja de ser hijo y empieza a ser mucho más que eso. El hijo es una instancia, la madre también es una instancia. La historia nos lo fue mostrando brutalmente.
–Conocido el paradero de tus hijos en Jordania, luchaste por viajar, y en cada encuentro te preparabas para estar radiante.
–Trataba de que siguieran vinculados a lo que ellos habían tenido de mí. Pensá que los encuentros con mis hijos eran de minutos, dos o tres horas. Entonces, lo importante era el primer impacto. El adulto se “come” el momento, pero un chico lo disfruta, porque está conectado con eso y se lo lleva como comidita a su corazón, para los momentos difíciles. Eso lo tenía claro. No tengo la menor idea de dónde lo saqué. Es un tesoro para mí.
–Era impresionante que cargaras parte de la Argentina en tus valijas: carne, plancha para bifes, wafflera, chocolates…
–Esos son los vínculos. Llevaba videos de mis días, de cómo me levantaba… para que me conocieran. De todas maneras, hay brechas que los chicos van a tener que atravesar. Ellos todavía no tienen mucha noción del mundo íntimo de la mamá.
–¿Tiene que ver con la educación que recibieron en Oriente?
–No lo sé; puede ser también por sus personalidades. En este último tiempo, yo bajé el nivel de contacto (no el vincular, para el que me he convertido en un hada madrina), y ellos se contactan poco por teléfono, chat, mail… Es muy de adolescentes. No somos una familia común. No hay una madre común acá. Yo les digo: “Ustedes crecieron; hay un 50% que ustedes deben poner en la relación”. Si no, sigo tratándolos como si tuvieran pañales y tomaran mamadera… Todo vínculo tiene que tender a una naturalidad.
–¿Esa naturalidad del vínculo hace que hoy no sepas cuándo es tu próximo viaje a Jordania, por ejemplo?
–Claro. Fueron catorce años en los que viajé e Imad estuvo en todas las visitas. Fueron momentos especiales para mostrar a los chicos que la familia se había restituido, pero ahora hay algo que restituir, que es el espacio íntimo con mamá. Esto todavía no está. No significa que yo la tenga que luchar; es algo que se tiene que dar. Lo único que tienen que hacer hoy es tomarse un avión y venir a verme.
–Pusiste en práctica el desapego.
–No llegué a esto de un día para el otro. Al principio, lo único que quería era que mis hijos estuvieran conmigo de nuevo. Después me di cuenta de que no era ese el camino, sino reconstruirles a ellos toda una vida, en la que estuviera también incluido el padre. Fue un paso muy importante para mí.
Un merecido final feliz
La recompensa de todos estos años para los Shaban-Arias Uriburu es que la familia pudo ser reconstituida, sin odios ni rencores infiltrados, tal como se relata en Después de todo… (editorial Tetraedro), el tercer libro de Gabriela Arias Uriburu. Hoy, Karim, de 19 años, estudia en Bélgica; Zahira, de 17, en Londres, y Sharif, de 15, termina el secundario en Jordania, con la posibilidad de viajar a la Argentina (Karim, por su edad, ya puede hacerlo solo) o verse con su mamá en cualquier otra parte del mundo donde se dispongan a disfrutar de esa relación tan peculiar que ella supo construir, y que ahora deja en sus manos. “No es la opción tomarme un avión e instalarme en Europa, porque no se trata de ir atrás de ellos. Ya fui atrás de ellos. Tengo muy claro lo que es mi tiempo ahora. Me tengo que dar lugar a mí, a mis anhelos, a qué hago de ahora en más”, asegura.
–¿Cómo surgió la idea de escribir Después de todo…?
–Escribo desde chiquita y es algo que me brota. ¡A veces, no me alcanzan las palabras! (se ríe). Este libro se fue escribiendo solo, en cada viaje a Jordania. Imaginate, viajes y viajes de esta naturaleza, con millones de experiencias. Llegaba al hotel y “bajaba” todo eso. Por eso, les digo a las personas que están atravesando una situación compleja que tienen que tener su mapa de ruta. Eso es escribir, hacer gráficos, dibujar, lo que salga. Yo, por ejemplo, soy una persona que necesita el papel para bajar la estrategia, ver cómo haré para llegar a Jordania el año que viene.
–¿Este tercer libro es el punto final de la historia?
–La historia sigue escribiéndose, pero yo llegué hasta un final; hasta un lugar mío. Yo no soy la historia. La historia ya fue. Ahora empieza un camino importante que es todo lo que soy; qué voy a hacer con todo esto que soy, después de haber vuelto del infierno. Ahora tengo que honrar lo que viví.
Nace una nueva mujer
Su nombre siempre estuvo asociado a la lucha de una madre por recuperar a sus hijos. Pero hoy, ella desea, necesita, despegarse de ese cliché y concluir ese capítulo en su vida. Usar el aprendizaje y el crecimiento personal de todos estos años como trampolín para lanzarse a la novedad.
–Después de todo…, en alusión a tu libro, pudiste haberte quedado en el papel de víctima, pero te transformaste en luchadora, alquimista, guerrera…
–Mi guerrera está viviendo una transformación. Está tratando de dejar las armas un poco. Vengo sacándome el traje desde hace dos años. Me costó mucho, porque uno se habitúa. Todos los días me levantaba en lucha y ahora ya no es necesario. Es muy interesante, porque después de tanto trabajo y observación, encuentro que, a veces, comienzo el día con los músculos tensionados como a la espera de que algo pase. Fueron tantos años de haber estado en el campo de batalla que el hecho de que el guerrero vuelva a casa cuesta. Mucho. Lo que te digo me hace acordar a El caballero de la armadura oxidada (novela del estadounidense Robert Fisher). Ahora tengo que aprender a vivir con lo que traigo de mis batallas. Es interesante y caótico al mismo tiempo.
–¿Cómo sigue tu historia?
–En ver cómo no hacer leña del árbol caído, no seguir rumiando esa historia. Es clave y es un quiebre en mi vida. Si no, uno se sienta y habla y habla de lo que pasó… Por eso, creo que la etapa de mi vida que viene ahora es muy importante. Le puse catorce años a la historia de ellos conmigo. Ahora no son solo ellos, es lo que yo tengo que hacer. Empecé la lucha muy joven; ahora ya no puedo hacer determinadas cosas que podía hacer en ese momento en el que me tocó luchar.
–En estos años, hiciste un gran vuelco …
–A veces, me pregunto qué voy a hacer con todo este capital, porque lo tendría que poner a disposición de la gente. Lo hago en cierta manera, pero no del todo. Hay un lugar que voy a tener que jugar. Es claro para mí que no va a ser a través de la política, sino de todas las acciones que estoy teniendo.
Gabriela se levanta a las seis de la mañana, hace pranayama (ejercicios respiratorios del yoga), medita y comienza el día. Intensa, gestiona temas de su fundación y escribe (su próximo libro, Vínculos). Los martes y jueves da clases de yoga. Cada quince días, junto a Paula Wassner, brinda talleres sobre Mujeres que corren con lobos (libro de Clarissa Pinkola Estés). Proyecta desarrollar una línea de esencias para quienes, como ella, viajen a visitar a sus hijos cada tanto y deseen dejar un olor a los suyos para seguir vinculados. También dicta conferencias sobre cómo lograr la superación después de pasar por un dolor grande y lo que se puede aprender de atravesar experiencias como la suya.
–¿Qué proyectos tenés para este 2012?
–Está el próximo libro, Vínculos, y estoy poniendo todo mi esfuerzo para hacer algo en la tele. Lo que tengo concretamente por delante son años de mucho trabajo: la fundación, el yoga, las conferencias y los talleres, que para mí son algo maravilloso. Y me quiero meter en las empresas.
–¿Desde qué lugar?
–Desde cómo superar una crisis y cómo esa crisis es una oportunidad. Lo mío es muy concreto: tiene que ver con un trabajo corporal. Por ejemplo, si vas a pasar una etapa de crisis en la empresa, no podés desayunar café con leche y medialunas ni almorzar bife con papas fritas. Lo único que vas a provocar serán grandes problemas de colesterol, triglicéridos, en un momento en el que estás tan expuesto… ¿Qué hacer entonces? Una dieta blanda. Porque esa crisis que está por vivir la empresa vas a empezar a llevarla a tu cuerpo y a tu casa. Tengo que avisar a los míos que hay una etapa de crisis y que quizá me voy a levantar a las tres de la mañana con alguna pregunta o que voy a necesitar estar en silencio. Voy a tener que poner a disposición algunas cosas propias. Es lo que hice yo; son todas cosas que, poquito a poco, me gustaría ir metiendo en las empresas y, por qué no, en las escuelas. Me gustaría trabajar con los chicos. Tengo mucho para dar y para ayudar.
Gabriela Arias Uriburu es un ejemplo de lucha, pero hoy prefiere dejar a un lado los laureles y el podio, y volver al llano para poder mirar derecho al horizonte y a lo que se viene. Tal vez, nuevas conquistas a partir de las cuales pueda seguir “escribiendo” su épica personal.
Podes ver la nota en el siguiente Link:
http://www.revistanueva.com.ar/numeros/01078/nota/1
Por Laura Alvarez Chamale
Nota periodistica, en “El Tribuno.com ” de Salta
Ella logró juntar sus pedazos, reconstruirse. Sin embargo, su tragedia todavía espeluzna. Nadie olvidaría su clamor desesperado por sus tres hijos, llevados ilegalmente a Jordania por su exmarido, el 10 de diciembre de 1997. Karim tenía 5 años, Zahira 3 y Sharif 2. La historia recorrió el mundo y recordarla provoca una dolorosa impotencia.
Desde entonces, Gabriela Arias Uriburu experimentó la desolación y la muerte interior. Quedó desgarrada por la ausencia, por la oscura noche de la justicia, por las muchas puertas sordas que tocó y por la irreconciliable forma de entender la vida en Oriente y Occidente.
Pasaron 14 años y su tercer libro “Después de todo… el amor lo hizo posible”, presentado recientemente en Buenos Aires, relata el renacer de esta mujer superlativa que transitó una escarpada cornisa de renuncias, perdón, entrega y superación personal, para retomar la única oportunidad que cada ser tiene en este mundo: la vida.
Perdió todo y nada la detuvo para recuperarlo. Gabriela cuenta en primera persona la épica historia de una madre desgarrada por 12.303 kilómetros de distancia entre ella sus tres hijos. Aprendió a vincularse con ellos y a sanarse por la fuerza de un amor sin condiciones. Hoy Karim tiene 19 años, Zahira 17 y Sharif 15. “Mi exmarido me deja verlos dos veces al año porque yo cedí todo. Entregué todo. Cerré todas las causas que había iniciado”, contó. Gabriela reconoció que por este acuerdo muchos dijeron que estaba loca. “No tengo nada en lo formal, sólo el corazón de mis hijos”, dijo.
Gabriela Arias Uriburu nació en Brasil el 14 de marzo de 1965, donde su padre cumplía funciones diplomáticas. En Guatemala estudió Ciencias de la Comunicación y Reflexología, y a los 23 años se casó con Imad Shaban, empresario musulmán de origen jordano, con quien tuvo a sus tres hijos. En 1997 solicitó el divorcio y la Justicia le otorgó la tenencia de los menores. Sin embargo, el 10 de diciembre de ese mismo año, Shaban trasladó a sus hijos de manera ilegal a Jordania, lugar donde residen actualmente.
En una cálida charla con El Tribuno, Gabriela Arias Uriburu relató los atajos que debió tomar para trascender la tragedia y beber de nuevo del cáliz de la vida.
¿Qué es lo que “después de todo el amor hizo posible”?
Cualquier situación límite que marque un antes y un después, viene a despertar algo en la persona y abre un camino a descubrir quién es cada uno. Yo descubrí quién soy, descubrí mis talentos, mis fuerzas positivas y negativas. Porque en esas situaciones nos quedamos desnudos, tal como somos, con fortalezas y debilidades.
Es difícil ponerse en tu lugar antes y ahora…
Fue tan fuerte y violento lo que ocurrió, una tragedia tan grande, que odiar era llenarme más de sangre. La desaparición de mis hijos fue una muerte para mí, una bomba que me hizo estallar en mil pedazos y desde ahí emprendí el camino para juntar mis pedazos, mis huesos y reconstruirme.
¿Cuándo sentiste que resucitaste?
Al comienzo no sabía si podía seguir viviendo. Hasta el año pasado me acostaba en la cama y había una persona muerta, que era yo. Un día me recosté y me di cuenta de que no me acompañaba la Gabriela muerta que iba conmigo por la vida. Hasta que no terminás de recoger tu último pedazo e infundirle vida, no resucitás. Es un largo camino y necesitás mucha ayuda de médicos y terapeutas holísticos para salir de tu propia oscuridad, porque te enfrentás a todas tus sombras.
A 14 años ¿cómo recordás ese dí a?
No lo traigo nunca más. Eso ya fue, es el pasado y jamás lo hago presente, nunca he vuelto a ese día. Ahora estoy honrando la historia que me dio la posibilidad de estar de nuevo en la vida, de ser quien soy hoy. Mi triunfo es haber vuelto a la vida, salir del infierno, aunque la gente crea que no hay triunfo porque mis chicos no están conmigo, para mí el logro es estar viva y con ellos de algún modo.
¿Cómo están tus hijos?
Atrapados en el pasado. Yo no. Tuve dos hechos muy contundentes para revalorizar mi propia vida, mi oportunidad de vivir: la muerte de mi hermana Marcela y la enfermedad de mi hermana Isabel. Mis viajes a Jordania a ver a mis hijos, después de esos hechos, fueron más profundos en mí, logré más el desapego, la incondicionalidad.
Sos un ejemplo de reconstrucción personal…
La destrucción viene para que cada uno tome la vida, no para que la persona muera. La reconstrucción es la gran encrucijada que el dolor viene a plantear. Y hay que intentar que el odio y la venganza no tomen tu ser, aunque de alguna forma quede sepultada tu identidad. El alma siempre va en busca de tu verdad, de tu realidad.
¿Cómo es tu relación con Imad?
Al haber hecho todo este camino interior, al haber juntado todos mis huesos, mis pedazos y haber infundado de nuevo vida en mí, el otro ya no existe como elemento destructor, desaparece. Lo veo como es, como está constituido, lo veo en su cultura, como una persona que no ha elaborado nada de lo que ocurrió. Y no lo tomo como algo personal. El problema es ver al otro como uno quiere o como nos gustaría que fuera y no como es en realidad.
¿Imaginaste que este hombre podía secuestrar a tus hijos?
No, porque uno juzga por su propia condición y no por la condición del otro. Cuando perdí al hermanito de Karim, que venía acompañado, no estábamos bien como pareja y yo podría haber hecho las valijas y separarme, y no lo hice, aposté a la familia y lo sigo haciendo porque familia vamos a ser siempre. Imad tiene toda una estructura patriarcal y cultural muy fuerte que de alguna forma la vieja Argentina también la tenía y que aún se conserva en algunas provincias. Eso también hay que entenderlo aunque nos desestructure. Cuando trabajé con toda mi oscuridad, con mis representaciones interiores del bien y el mal, él dejó de representar el mal para mí. Es cuestión de tomar lo negativo y darle un lugar.
Ladra Pepe con insistencia y Gabriela cuenta que está con su perro en la casa de su novio. ¿Desde cuándo estás de novia?
Hace muy poquito, aunque nos conocemos hace mucho. Esta relación encajó perfecto con mi volver a la vida. ¿Te acostumbraste a tener lejos a tus hijos?
No, pero entendí que a veces los hijos hacen que uno pierda la conciencia de sí. Por mi naturaleza, a mí, “el otro” me saca de contexto. Desde chica trabajé con el otro en villas miseria, en hospitales. El otro me puede y no me pongo yo en primera persona. Mi última etapa fue ponerme a mí en primer lugar. Le agradezco a Dios estar de pie, parada en mi propia vida y no en la de otra persona. Para mí es el mensaje que Cristo nos vino a dar: que amemos a los demás como a nosotros mismos. Esa es la ley principal. Pero nosotros hemos hecho todo al revés, amamos tanto al otro que lo agobiamos, enfermamos y condicionamos al amor, tal vez porque no nos ocupamos de amarnos a nosotros primero.
¿Cómo ves a cada uno?
Están en plena adolescencia. Karim tiene 19, Zahira 17 y Sharif 15. Te puedo decir que Karim es alegría, tiene una condición natural de alegría e inquietud, desde muy chico tiene una sensibilidad especial. Zahira tiene una gran potencia pero hay que ver cómo logra desarrollarla personalmente, porque es muy cómodo ser la “hija de”, ser “yo misma” es la meta. Lo conversamos sutilmente, espero que mi ejemplo la inspire, le sirva para encontrar su propio camino, su identidad. Sharif es la fuerza, con él tengo un contacto interno mágico. Creo que ni él sabe todo lo que me ha enseñado, entre otras cosas que el amor es insecuestrable. Cada abrazo, cada mirada de Sharif, me dio siempre la fuerza y la seguridad para hacer mi camino de reconstrucción. Con cada gesto me decía “mamá es por ahí, vas bien”.
Toda mi familia tiene raíz salteña. Mi hermana Marcela murió en Cachi, tenía una cabaña en ese lugar que amaba.
Los chicos deben estar en superioridad y no deben ser rehenes de nadie. Eso es tan fundamental como difícil.
¿Te escribe la gente para pedirte consejos?
Me conmueve mucho la gente joven que me escribe. Me dicen que siguieron mi caso, que se formaron con mi lucha. Y yo les dijo que hay que tener fe y confianza en nuestro ser interior. Uno necesita de todas las personas especiales para que te acompañen en el camino del dolor. La bondad, la misericordia, la compasión, son valores que profundizan el amor, van logrando algo químico en uno.
Se nota en vos una gran fe…
Mi reconstrucción no tiene que ver con creer o no en Dios. Yo trato de tener un diálogo universal con todas las personas, un lenguaje que nos integre. Nadie debe quedar excluido de la vida. Yo me debo a esta idea porque he alcanzado la paz desde este lugar. Me he convertido en una persona incondicional. La misericordia, la compasión, el desapego son, para mí, atributos enormes del amor. El dolor es un gran maestro y hay que trabajar en eso. María Livia, de la Virgen del Cerro, es una de las personas que me ayudó mucho.
¿Venís seguido a Salta?
Estuve muchas veces ahí, poniéndome a disposición, a los pies de la Virgen, y la última vez fui a agradecer mi reconstrucción, que estoy viva.
¿Tu familia tiene raíces salteñas?
Tengo en Salta a mi tía Pancha y a mis primos y sobrinos. Mi mamá es Peña Figueroa y mi papá es Arias Uriburu: toda mi familia es salteña. Salta es mi historia también. Además, mi hermana Marcela murió en Cachi, en una cabaña que se había hecho en ese lugar que amaba. Yo ahora viajo más seguido a Jordania, gracias a Dios, y por eso no tengo tiempo para ir a otros lugares.
¿Y cómo funciona hoy Foundchild, la fundación que presidís?
La Fundación ahora funciona on line. Tuvo oficina, tuvo todo y dejó de tener, y en vez de cerrarla decidimos que siga on line.
Ahora está activa como en el primer mundo. Recibimos consultas, contestamos y acompañamos a los padres. Tratamos de que se entienda que los chicos deben estar en superioridad y que no deben ser rehenes de nadie. Eso es tan fundamental como difícil.
¿Por qué hay que leer tu último libro?
Este es mi tercer libro pero es diferente a los anteriores (Ayuda! Quiero a mis hijos?, 1998 y Jordania, la travesía en busca de mis hijos, 2005) porque cuenta sobre mis pedazos, mi lucha. Nace de mis viajes a Jordania y relata cómo me fui rearmando. Gente que lo lee ya me cuenta que empezó a hacerle panqueques a los hijos y a gozar de los mimos y de esos momentos únicos, de la reunión. Habla de calidad más que de cantidad; de cómo combatir nuestros miedos e inseguridades frente a los hijos. Es una especie de libro de autoayuda para tener en la biblioteca. Me encantaría presentarlo en Salta, falta que me inviten.
Pepe labraba de nuevo… ¿De qué raza es?
Es un perro de la calle que se ha convertido en mi guardián. Lo recogió una señora que hace talleres conmigo y un día lo noté tan triste, recuerdo que estaba Karim conmigo el año pasado y se tuvo que ir, entonces lo adopté y me cambió la vida. La verdad que recomiendo a todos tener un perro. Es más le voy a dedicar un capítulo de mi próximo libro sobre vínculos que estoy escribiendo.
¿Ya estás en otro proyecto?
Sí, ahora estoy con cuatro capítulos abiertos y la idea es que salga para la feria del libro del año que viene. Y después escribiré el libro de mi reconstrucción personal. Hay que tomarse el trabajo de alzar la voz y de entender que la vida es un ciclo eterno donde todo se transforma y para eso tiene que morir lo que tiene que morir y tiene que nacer lo que tiene que nacer.
Nota completa en:

Charla sobre Derecho Internacional Privado, invitada especial la Sra. Gabriela Arias Uriburu
disertante la Dra Raya de Vera, especialista en Derecho Internacional Privado
sito en Av. Ricardo Balbin1750/52 CP 1650, Pcia de Bs As.
Un Serio Problema Social
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El maltrato y la humillación pública hacia la niñez es un fenómeno que lejos de estar en retirada se consolida obscenamente en lugares de esparcimiento tales como clubes, restaurantes, centros de compras, espacios para la diversión infantil y familiar u otros sitios similares.
No es extraño ver naturalmente en esos lugares a padres y madres insultar y golpear a sus hijos con el doble perjuicio de ejercer violencia contra alguien débil e indefenso y someterlo a la humillación pública por el castigo o la desvalorización que se ejerce sobre el niño.
El reclamo de una madre
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Pasaron más de 10 años desde que Imad Shaban se llevó a los 3 niños que tenía junto Gabriela Arias Uriburu, de Guatemala donde vivían- a Jordania, su país de origen.
Tres meses estuvo Gabriela sin saber dónde estaban sus hijos. Un año sin verlos. Removió cielo y Tierra: se encontró con el Papa, su caso fue tratado en las Naciones Unidas y creó una fundación para ayudar a gente que le pasaba lo mismo que a ella.
Todos recordamos la larga y penosa lucha de Gabriela Arias Uriburu, separada de sus hijos en forma violenta durante años, y la historia de esos niños, Karim, Shajira y Sharif, creciendo sin su madre en la cultura de su padre, en el Reino de Jordania, y sin el complemento de la cultura materna, que es parte de su historia.
Hace diez años su ex esposo secuestro a sus tres hijos y se los llevó a Jordania, nunca más volvió a vivir con ellos. Creó la Fundación Niños Unidos para el Mundo y quiere instaurar un Tribunal Internacional de la Familia que proteja los derechos de los niños que nacen de matrimonios interculturales.







