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Una nueva mirada frente a la violencia – Por Gabriela Arias Uriburu

La violencia de género es un conflicto que admite muchos puntos de análisis.

Uno de ellos, al que adhiero, asegura que cada uno lleva en su interior una pareja psíquica, compuesta por un aspecto propio que es el víctima, y otro aspecto que es el victimario.

La víctima y el victimario existen primero en nosotros mismos.

Si esa pareja interna no se resuelve saludablemente en nuestro interior, se reflejara violentamente en la relación con la persona que decidamos vivir.

Es decir, a mi criterio, la violencia no está relacionada con una cuestión de género, sino que esencialmente se vincula con una cuestión de la psique no resuelta entre la víctima y el victimario que todos llevamos dentro.

Al no ser concientes de esta parte oscura, ingenuamente la llevamos con nosotros a nuestras relaciones y allí se origina la violencia.

En mi caso, para poder salir del lugar de víctima que me tocó vivir por mi historia familiar, debí primero trabajar intensamente con los aspectos oscuros de mi pisque. Y ese trabajo interior que emprendí -bajo la enseñanza de la escuela psicológica de Carl Jung-, me llevó a darme cuenta que el acto de violencia que me fue impuesto a través del secuestro de mis hijos, me convertía en una víctima y a la vez me invitaba a ser violenta como pudo haber sido contratar comandos para contrasecuestrar a los niños.

Este doble aspecto, el ciclo de víctima-victimario no resuelto dentro de mí se manifestaba ahora en el afuera.

La cuestión entonces es, una vez reconocido el problema, buscar el modo de curar este círculo vicioso. Y la respuesta la da el veneno.

Todos sabemos que si se ingiere veneno en grandes proporcionas te ocasiona la muerte. Pero tomado en pequeñas cantidades medicinales, puede ayudarte a lograr tu cura.

Con la violencia ocurre lo mismo.

Si se logra trabajar con una mínima proporción de violencia que todos llevamos dentro, se lograra superar la situación hacia la sanación, y poder desarrollar entonces relaciones que no sean ¨de poder¨ sino ¨relaciones poderosas¨.

En la ¨relación de poder¨, se busca someter o controlar a la otra persona. Mientras que en la ¨relación poderosa¨ la vinculación es con tu poder interno, con tu potencia, con tu talento y con tus deseos.

Eso es ser un líder de sí mismo, no a través de alguien.

Mi decisión personal fue salir del lugar de víctima para convertirme en protagonista de mi vida, al ocupar mi territorialidad, es decir, mi lugar de pertenencia, mi origen y mi espacio.

Fui hacia esa toma de posesión a través mío, no de alguien. Y eso me hizo digna de ser.

Esto forma parte de un trabajo interno, que no se relaciona con pedirle al otro que deje de golpearte. Y si con hacernos cargo de nuestras partes oscuras, de nuestras miserias, de ese víctima-victimario que llevamos dentro, reconocerla, sacarla a la luz y convertirla en un aspecto positivo.

Para ello es necesario hacer mucha introspección. Y entrar en una terapia sistémica donde se pueda ubicar esta relación del golpeado y el golpeador.

Estamos en un mundo dual donde existe el bien y el mal, el amor y el odio. Estas dos fuerzas hay que reunirlas, pero en cambio, lo que generalmente hacemos es lo contrario, separarlas.

Siempre estamos confrontados, en lugar de armonizar nuestros aspectos internos contradictorios..

La pregunta entonces es ¿cómo hacemos para reunir estas energías contrarias que nos habitan?

Un primer aspecto es reconocerlas, luego aceptarlas y finalmente integrarlas.

Por ejemplo, sabemos que tenemos furia.

Si en lugar de combatir esa realidad que es parte esencial de nuestra personalidad, la reconocemos y aceptamos, podemos hacerla jugar con otras características personales en forma virtuosa. El sentir furia frente a una injusticia, puede llevarnos a ser solidarios con una persona, o comprometidos con una causa, o crear una Fundacion.

Una acción supuestamente negativa, no tiene por qué sublimar a las otras, sino convivir con ellas y hasta potenciarlas.

Así logramos el equilibrio interno.

Si tratamos de no tener pensamientos negativos, contradictoriamente esa tendencia nos lleva a generar más oscuridad en nuestra vida.

La sombra es necesaria para que exista el contraste con la luz. Y por otra parte, estar expuestos en forma continua a la luz lo único que vamos a lograr es quemarnos o enceguecernos.

Lo negativo es la falta de balance, de equilibrio.

En conclusión, mi perspectiva no ubica a la violencia en una cuestión de género sino propia de la naturaleza del ser humano en su conjunto.

Cuando se detecta un aspecto de violencia en una relación debemos investigar qué pasó en la vida de las familias de cada miembro de la pareja, porque en el ancestro familiar primero, y en la psique individual despues, se encuentra el germen de ese aspecto que previamente debe ser sanado a nivel personal para que no se manifieste en la relación que construyamos con un otro.

Hablar de violencia de género es simplificar la conflictiva, lo cual nos evita adentrarnos en un análisis introspectivo amplio y profundo que nos permita a cada uno de nosotros resolver en el adentro la verdadera cuestión de fondo.

Fuente: http://www.diario26.com.ar/index.php?p=notadetalle&idNota=187168
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2 Responses

  1. Muy buenas tus palabras Gabriela, mucha dulzura en ellas. Y un claro mensaje, nos miremos nosotros primero, no es bueno creernos victimas, al contrario, eso nos hace aun peor. Un abrazo profundo.

  2. Gracias me sucio de mucho su ong me isieron aprobar la materia economía gracias y muy linda su información si todos isieramos algo para que esos errores humanos se corigan seriamos personas diferentes y seria un mundo distinto ayudemos a que esos errores se cirujano n

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