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Lo Último de la Historia

UN POCO DE MI HISTORIA DESDE 1997

¿Por qué se llegó hasta aquí?

No pretendo describir aquí lo que han sido estos (12) años de camino hacia mis hijos. No obstante, la gente me ha preguntado miles de veces por qué no me quedo a vivir en Jordania, por lo que haré una sintética explicación al respecto; aun habiendo sido relatado en mi segundo libro “Jordania, La Travesía” (Atlántida, 2005).

Esa pregunta que mencioné, me la han hecho millares de personas en Argentina, y sé que lo reiterativo de ésta se debe a la dificultad existente en Occidente frente a la complejidad legal musulmana para la madre en una situación trágica familiar, donde se trasladaron 3 niños sin permiso del Juez del lugar donde residían previo a su traslado (Guatemala en este caso). Esos 3 niños cruzaron fronteras sin registro para que el padre pueda entrar en Jordania, tierra oriental donde los hijos le corresponden al padre y al Islam.

Los primeros 3 meses tras el secuestro, no sabíamos dónde estaban. Luego, supimos vía personal y diplomática que estaban en Jordania. Fue en ese entonces que una importantísima diplomática de la ONU me dijo: “Nunca antes te dije esto, pero entrar en Jordania es peligroso para ti por las leyes musulmanas. Si algo te sucediera, ni la comunidad internacional podría ayudarte. Si aún así decides ir a ese país, debes hacerlo con protección del Estado”. Viaje a Jordania, gracias a la gestión enérgica del Estado argentino sobre el país jordano. Allí comenzó el camino de Karim, Zahira y Sharif, y también el mío propio al verlos por primera vez tras haber transcurrido 1 año luego del secuestro; pues no se trataba de la tragedia de una madre, sino de tres niños.

Inicié así mi camino por los derechos de los niños y mi travesía para no seguir perpetrando dolor, angustia y tragedia en ellos. Fue difícil debido a las barreras culturales, a lo que imponía el Islam y a la dificultosa relación con la familia jordana*.

En el año 2005, después que Imad se presentó por primera vez en la corte musulmana, comenzamos a buscar un diálogo gracias a la gestión del Dr. Carlos Romano, a cargo del caso en representación del Estado argentino; y del Juez de Jueces del Islam, Tamimi, máxima autoridad islámica en Jordania. Para ese entonces, yo era consciente que debíamos devolver a Karim, Zahira y Sharif una familia y un futuro posible de armonía.

Ambos padres somos responsables de lo ocurrido a nuestros hijos e inmaduros al creer que íbamos a poder construir una familia multicultural, cuando en realidad, ninguno de los dos sabía lo que debía conocer de la cultura del otro. Tampoco hicimos un compromiso de respetar de dónde provenía cada uno, y en el caso de la existencia de hijos, preservarlos y comprometernos a darles a éstos ambas culturas y no alejarlos de sus padres bajo ninguna circunstancia.

Evidentemente, el amor en estas tragedias es arrasado con algo de lo ancestral, cuando uno decide llevar a cabo esta acción tremenda y todo se convierte en un enorme desorden y desastre.

En 2005, la vía del diálogo posibilitó un acuerdo entre ambas partes. En lo que respecta a mí, entregue la custodia de los chicos, los alimentos e inclusive cerré todas las causas. Por su parte, Imad permitió que realizara dos visitas al año a mis hijos en Jordania.  A partir de allí, con mi trabajo personal y el amor incondicional y en desapego, pudimos volver todos (los 5) a sentarnos en una mesa, y  en particular yo pude conocer donde vivían, cocinarles, recostarme en sus camas y hacerlos dormir. Más recientemente, hace un año, ellos pudieron de a poquito quedarse a dormir conmigo solos toda la noche.

En el viaje de marzo último (2010), las cosas fueron movilizándose tremendamente: viajamos todos (los 5) por unos días fuera de Jordania, a otra tierra musulmana. Por otra parte, durante mi estadía en territorio jordano, Zahira se quedó conmigo en el departamento que Imad ofreció para hospedarme toda una semana. Al mismo tiempo, Imad me pidió que extendiera la visita para estar con los chicos, mientras él realizaba un viaje de negocios. Cada uno de estos acontecimientos, ocurrían por primera vez.

Ambos padres sabemos, y de hecho lo hemos hablado, que es hora de unir fuerzas por nuestros hijos, aún teniendo pareceres totalmente diferentes de la vida y de lo que sucedió en esta historia. Nuestros hijos nos necesitan. En lo personal, trabajé incansablemente para sentarme con Imad y respetarlo porque es el padre de mis hijos. Trabaje también incesantemente en mi interior, porque el conflicto que se manifiesta afuera es algo de lo que existe dentro de nosotros.

Poco a poco, acompañada de personas maravillosas que me dedicaron su corazón, fui sanando y no sólo para convertirme en la madre que soy hoy, sino para traer nuevamente a la vida mi ser mujer y llegar al ser humano particular y singular que todos somos.

Deseo que mi propia travesía, que mi recorrido, inspire a mis hijos para que ellos tomen sus potencias y puedan ser creadores de su propia vida ¡Se puede! Hoy VEO la historia y sé que debía vivirla, no sólo por la historia que he descubierto de mis antepasados; sino por todo lo que ha dejado en mí, en ustedes, en la Justicia, en los gobiernos, pero principalmente en mis hijos.

Por ello, deseo que vuelva a ordenarse el amor entre todos nosotros, honrando los ancestros, honrando padres, madres, abuelos, tatarabuelos en ambas culturas: oriente y occidente.

En algún momento, los hijos del mundo deben volver a estar a salvo entre los adultos. No afirmo esto por las situaciones descriptas, sino por todas las que viven: niños soldados, niños trabajadores, niños abandonados, niños abusados, niños violentados por nosotros los adultos en todo el orbe.

Regresé a Jordania en junio (2010) e Imad comenzó a organizar lo que serían nuestras primeras vacaciones en familia en tierra occidental luego de nuestra tragedia. Me quedé 20 días con los chicos en tierra jordana, mientras Imad viajaba a Guatemala. Luego de eso, los chicos y yo, nos tomamos un avión para encontrarnos con su padre en occidente. Allí, estuvimos 2 semanas de vacaciones. Cuando alguien nos decía: “¡Qué bella familia!”, Imad les respondía: “Ella es mi ex mujer, nos peleamos a matarnos; pero hoy somos amigos y estamos de vacaciones en familia”.

Ese viaje fue maravilloso pues fuimos integrando energías para conocernos en éste, viviendo para recuperar tantas cosas…Zahira, por ejemplo, decía: “estoy haciendo shopping con mi mamá”, “estoy viendo una película con mi mamá”, “estoy durmiendo con mi mamá”, “estoy paseando con mi mamá”. En aquel viaje, además se dio cuenta que muero por los helados, y ella también…

Viajar juntos nos trajo una enorme sanación, pues nos dejamos fluir sin imponer verdades, ni realidades, ni egos. Nadie aquí es más que nadie, sino que todos somos importantes. No es necesario decir quién soy, cuando uno ya ES, entonces todo va ocurriendo. No obstante, asimismo hubo momentos de enojos, de retos y malas caras; pero la vida también es esa maravilla: saber vivir con todas las energías y tomar todas ellas. Aprender a respetar los espacios y los silencios, mientras se reza interiormente para el bien y la paz de todos; puesto que una familia forma una constelación y en ella no debe quedar nadie fuera, sino como reflexiona Bert Hellinger, respecto a que el amor se desordena y trae mucho dolor para todos cuando alguno de ellos sale del circulo, ya que toda esa constelación, no sólo llora sino que comienza a no saber relacionarse, y todos y cada uno de sus miembros transitan perdidos y enojados por los caminos de la vida.

Sanar la familia es trabajar con nuestro interior para que todos volvamos a ser parte de ese círculo; aceptándonos como somos cada uno y observando sin juicios quien es cada uno. Y en especial, en mi familia aceptar la particularidad de ser quienes somos.

En nuestra historia, ahora es tiempo de la etapa argentina. La etapa en la que los chicos comenzarán a tomar de la tierra materna y en ella toda la familia occidental que tanto ha luchado a mi lado y tanto más los espera.

¡Seguimos caminando! Pero, ahora sin estructuras, sin conceptos, sin sistemas para que podamos experimentar el amor que no va por los caminos convencionales.

¡El AMOR nunca es secuestrable, sólo hay que ordenarlo y sanarlo por dentro para que luego se manifieste por fuera!

Cuando uno VE a alguien, también VE si se relaciona por lazos o por vínculos. Los lazos son superficiales y temporales, mientras que los vínculos van por lo profundo del SER, pues implican un enorme trabajo y transformación para quienes se vinculan.

Bendigo y agradezco…

Gabriela Arias Uriburu

 (*)Recomiendo que lean en la página web de la Fundación Foundchild lo que expresa un abogado árabe sobre los casamientos multiculturales: http://www.foundchild.org.ar/multiculturalidad/
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