Lo que desde el corazón es cierto
desde la acción es posible

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Mensaje de Mónica

Realice mi carrera universitaria en Hannover, Alemania.
Allí, durante los estudios, conocí al que fue el padre de mis dos hijos.

Lo que me pareció protector se torno “controlador”. La energía en “violencia”. Lo exótico, en “diferencia”.

Cuando la violencia pasó también al nene mayor decidí que era el momento de separarme. Fue un desastre! Me llevó muchísimos años lograrlo.

Violencia familiar, que en el funcionamiento legal de la sociedad, no se pudo demostrar. Policía que no tomaba las denuncias, el hospital que protocolaba “accidente”. La obra social que decía no poder apuntar la razón de los gastos médicos…en fin. Una serie de “increíbles”, que resultan difícil  creer para aquel que no conoce cómo funciona una sociedad “que lleva sus papeles y actas ” en orden, realizando su trabajo con “prolijidad” de 8:15 a 16:15.

Amigos propios, no quedaban. Él, los había ya hacía tantos años alejados de mí. Y la verdad, había dejado de tener “vida propia”. Los amigos en común, se hicieron a un lado.

Matthias y Cristina, nuestros hijos, tenían 8 y 12 anos cuando estábamos divorciados. Nuestros bienes: estaban a su nombre y por ende, eran de su propiedad.

Quede en la calle.

El final: “Los chicos están bien con el padre”,  “busque un trabajo”, “Organice su vida”, “tenga una vivienda”, “gane su dinero”, “el papá les puede ofrecer una vida mejor”, “el papá esta más estable que Ud”……

El régimen de visita, establecido. Cada segundo fin de semana.

Después de ese juicio y durante exactamente 5 años no volví a ver a mis hijos nunca más. No los vi, no supe más de ellos. Ni una carta, ni una foto, nada, nada, nada.

Para “la prolija y ordenada justicia” estaba todo terminado. Los niños eran ciudadanos alemanes. El padre, también. Yo, “la extranjera”, alemana de segunda clase.

Quise volver a hablar con el juez, con la oficina de menores…nadie me recibió. Debía ir a una segunda instancia.

“Otra” instancia ?… no tenía dinero…

La realidad me superó. No tenía dónde vivir. No tenía amigos.

Una familia, avergonzada, se separó de mí.

Pase anos llevando innumerables cartitas al correo…paquetitos llenos de amor. Florcitas, cintitas, dibujitos y galletitas que nunca recibieron. Todos mis olores iban ahí.

Me sentí desesperada, desesperada por el dolor de mis hijos. Quién peinaría su cabello. Quién, con un beso y cosquillas los despertaría por las mañanas. Les llevarían la leche caliente a la cama? Quién podría tenerles la paciencia de organizarles las tardes con sus amigos y el sin número de actividades, los panqueques, las palomitas y la cocina hecha un lío después de las manualidades con esos papelitos y pegamento por todos lados !!!

Quién los llevaría los miércoles a “su día” especial, de cine, jugueterías y restaurante “elegante” para ir conociendo otros mundos ?? Quién, quién, quién….Quién haría aquellas cosas que yo había ido tejiendo con mis cachorritos ….quiénnnn…..

No lo hizo Nadie.

Ellos también se preguntaron QUIÉN. Pero no había nadie….Tuvieron que vivir en un mundo de adultos. Sabían que había una infancia mejor. Sabían que existían “los miércoles”, una leche en la cama con migas y todo !!! Recordaban los papelitos y el pegamento en la cocina. Los días de galletitas caseras, que debíamos poner en el piso porque más lugar no había !!! Qué alegría con mamá acompañándonos en la infancia !!!

La Fe, me ayudo.

Muchas veces al día me decía “ya que no lo entiendo, ayudáme Dios a aceptarlo” Y tantas veces como fuera necesario lo repetía. Y ??? Al final, lo acepté. No sé cómo fue, pero empecé a vivir, de nuevo. Mal…siiii…maaal, pero empecé a dar mis primeros pasitos. Entendí que mi trabajo, por un tiempo con ellos, había terminado. Pero que si algún día “salían” en busca de su madre, debían encontrarme y sentirse orgullosos de mí.

Sincerándome debo confesar que pensé en el suicidio, en sentir pena por mí, en fin…pero decidí que continuaría y que pondría toda mi energía en convertirme en una mamá mejor!

Una mamá de la que ellos se sintiesen orgullosos!

Mis Hijos volvieron, cumplida la mayoria de edad. Y volvieron solos, en busca de mamá. Yo estaba ahí, con una Vida… otra. Los unimos e hicimos juntos el camino. Ese, que respeta la individualidad de cada uno. ….lo podría repetir muchas veces: “que respete la individualidad de cada uno”, “que respete a cada uno”, ” que te respete”, “que respete tus deseos”, “que respete tus necesidades”. Respetarse. Respetarse sin adueñarse de la verdad….que nadie tiene. La verdad no existe, porque cada uno tiene la propia.

Ni el padre de mis hijos estaba con la Verdad, ni siquiera yo la tenía. Pero él cometió un error: se adueñó de la Verdad, la hizo suya, y no respetó la de los niños.

La relación con el papa, es fomentada por mí. A  los “niños”, que ya son adultos, (26 y 23 anos) les ha costado….y mucho. Pero les hablaba del respeto que debemos sentir por la individualidad de cada uno, y que “cambiar” al padre, es inhumano. En cada uno de nosotros, hay aspectos que pueden ser hallados y amados. El papa, también los tiene.

Matthias, me recordó, hace poco, lo que hace muchísimos anos le dije: “Matti, es el único papa que tenes, hay que aceptarlo como es”. Recuerdo que, en ese momento, nos reímos mucho!!!

Vivía desde hacia poco, nuevamente en Argentina, Buenos Aires.

Mirabamos, con mi actual marido, el programa del Sr. Grondona por televisión. La vi a Gabriela….oímos su historia. Quede paralizada del dolor.

Supe que daría una conferencia en el Palace de Glass y fui a escucharla.

En aquel entonces,  sentía muchos rencores. Y cuando se abría aquella puerta donde el dolor estaba guardado, sentía odio por todas aquellas personas e instituciones que habían hecho tanto mal a Matthias y Cristina.

Gabriela, con su convencido pacifismo, con la clareza en el objetivo de proteger “al Nino” ayudando a sus padres; me hizo evolucionar. Fue un ejemplo de que “se puede” y que si los padres se separan, los hijos, siguen siendo de ambos.

Actualmente junto a otros padres formo parte del Equipo de Asesoramiento y buscamos juntos los caminos por los niños; tratando de no ubicarlos a ELLOS entre los padres sino TODOS VINCULADOS.

Nuestras propias historias POR LOS NIÑOS…

Sinceramente,
Monica Turk de Raimondo

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