Lo que desde el corazón es cierto
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Entrevista con Gabriela Arias Uriburu en su visita al CEC Nº 801

“La historia me enseñó que los hijos no son de uno, son de la vida”
Hace dos años recorre el interior del país y no sólo para contar su historia de lucha. Resaltó la necesidad de restablecer vínculos con los niños y recuperar valores.
‘En estos años yo he sufrido un montón de metamorfosis en mi lugar de mamá’.”Yo no sé vivir, estoy aprendiendo a vivir”, con estas palabras que hablan también del coraje Gabriela Arias Uriburu cerró su conferencia del viernes en el Centro Educativo Complementario Nº 801 “Don Bosco” de Laprida. Allí reafirmó su labor por restablecer vínculos, los niños, de recuperar valores, siempre desde una perspectiva relevante y cargada de una energía espiritual y movilizadora.

Hace dos años recorre el interior del país, no sólo para contar su historia de lucha, aspecto que no abordó en profundidad como mucha gente del público imaginó al asistir a este encuentro, sino que transitó ese cómo volver a vivir y salir de una situación trágica, qué es lo que hay que hacer, cómo se atraviesa el dolor o se ubica el sufrimiento, partiendo de su propia experiencia de vida, que marcó un antes y un después en su familia. A grandes rasgos esto señalaba Gabriela Arias Uriburu a minutos del encuentro con casi 200 personas de Laprida, de La Madrid y de otras ciudades vecinas que llegaron a nuestra ciudad.

Acompañada por la locutora y periodista local Claudia Bonet, abordó las constelaciones familiares, habló de sonidos, de campos morfogenéticos, de aromas, de luces y sombras durante una hora y media, recorriendo sus propios laberintos y transformaciones, pero dejando mucho también para el análisis y la reflexión. “Les dejo muchas tareas”, graficó.

-¿Cómo es la relación con tus hijos y con el padre de tus hijos hoy?

-Ahora estamos atravesando una crisis vincular, nada problemática que tiene que ver con el crecimiento de la adolescencia y todo este desafío enorme de la integración de Oriente y Occidente, donde Siria está teniendo un momento álgido en el mundo y nos está, de alguna forma, llevando a esta reflexión de si seguimos haciendo guerra o la paz, que no es un logro, es un estado del ser, del alma. El encuentro cultural está siendo uno de los desafíos más grandes del mundo en este momento. Es no pretender cambiar nada del otro y aceptar lo que es y en eso reunirnos en las diferencias y para mí eso es posible.

-Pero no abundan gestos para alcanzar eso.

-Esto no es tan fácil a pesar que pueda resultar fácil, pero se necesita mucha generosidad, mucho amor del corazón y que los valores vuelvan a cotizar en Bolsa. Hay algo que se va perdiendo en esta vida que tiene que ver con la candidez, la amabilidad y así como sucede en el mundo sucede en las relaciones humanas, teniendo hijos a 15.000 kilómetros, atrás de una puerta, realmente estamos en momentos muy interesantes en restablecer los vínculos y relacionarnos de corazón a corazón, más allá de las diferencias y personalidades, y en el caso de mis hijos, de las culturas y de la historia que hemos tenido.

-¿Qué dicen sus hijos hoy a 20 años de aquel primer sufrimiento y del comienzo de aquella lucha?

-Mis chicos no viven inmersos en la historia. Yo tampoco, pero a mí eso me forjó una personalidad, una forma, una evolución. A mí me ha marcado a fuego y a ellos yo no digo que no, pero en los chicos hay que dejar que la historia vaya evolucionando, yo no tengo idea cómo va a ir mostrando la historia en ellos, como van a integrarse con Occidente y si es que la van a hacer.

-En el debe y el haber del rol de madre, ¿qué se acentúa más hoy con el paso del tiempo?

-Qué pregunta… Yo nunca imaginé que la maternidad era lo que la historia me mostró, porque cuando yo estaba con mis hijos era una madre bastante limitada, porque los quería para mí y la historia me enseñó que los hijos no son de uno, son de la vida y que la vida se impone pero no de forma agresiva, sino de forma natural a ese camino que tiene la vida con el hijo. Nosotros sólo somos instrumentos para darles las herramientas para que ellos crezcan y vuelen. Y nosotros los adultos sufrimos porque no estamos educados en amar en desapego, en amar en incondicionalidad, esto te lleva a tomar mucho coraje espiritual a que mueran muchas cosas tuyas personales en el sentido del ego, del yo: yo quiero, yo necesito, ¡por qué no me escuchas…!, todo lo que les decimos a los chicos. Y a partir de ahí ejercer una paternidad, una maternidad donde el chico esté donde esté, haga lo que esté haciendo, uno esté acompañándolo incondicionalmente, sin tensión, sin presión, es simplemente estar y esto es una presencia cien por cien, desde cuerpo, mente y alma. En la historia de estos años yo he sufrido un montón de metamorfosis en mi lugar de mamá y hoy sufro una nueva más que es esto de soltarlos más y confiar en todas esas semillas, en todo ese amor que los acompaña minuto a minuto en su andar en su propia experiencia de vida y que se conviertan en adultos y que puedan llevar adelante su yo. Creo que ahí estaríamos construyendo una humanidad responsable, comprometida, no buena o mala, comprometida porque necesitamos esta fuerza del adulto que va hacia la vida y lleva adelante sus anhelos, sus deseos, sus pasiones y eso es lo que veo que está faltando mucho en nuestros jóvenes y no los culpo a ellos, culpo a nuestro vaciamiento del anhelo, porque ponemos todo en el hijo antes de poner todo en uno y esto que decía de acompañar el camino del hijo.

Con-Rigoberta-Menchu-Premio-Nobel-de-la-Paz

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Con Rigoberta Menchu Premio Nobel de la Paz
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Gabriela-Arias-Uriburu-con-Naty-Petrozzino-en-el-Encuentro-por-la-Paz-

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Gabriela Arias Uriburu con Naty Petrozzino
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