Lo que desde el corazón es cierto
desde la acción es posible

Leer Más

Lo que desde el corazón es cierto
desde la acción es posible

Leer Más

Lo que desde el corazón es cierto
desde la acción es posible

Leer Más

“De algún modo estoy con ellos”

Hace diez años, Gabriela Arias Uriburu se hizo conocida por su desventura familiar: su ex marido árabe secuestró a los hijos de la pareja y se los llevó a Jordania. Hace poco cedió la tenencia para poder verlos dos veces al año.

Desde el aire, Amann se presenta como un enclave en el desierto.
Mira por la ventanilla y reza.
Siempre lo hace. Es una forma de prepararse para los sobresaltos, las alegrías o los desplantes. La travesía de Occidente a Oriente no es sólo geográfica. El viaje siempre tiene la precaución de un salto a un mundo diferente que aprendió a transitar. Ya pasaron diez años y el vendaval que la puso en las puertas de lo insoportable parece abrirle paso a cierta calma. Gabriela Arias Uriburu repetirá que este presente
no es ninguna hazaña, sino un trabajoso empeño por reintegrar la familia que le fue arrebatada. Fue el 10 de diciembre del ‘97, cuando su ex marido, un empresario de origen jordano con quien vivía en Guatemala, secuestró a los tres hijos de la pareja y se fugó con ellos a Medio Oriente. Un matrimonio cruzado por culturas distintas estallaba y nadie saldría sin esquirlas. Ella, Gabriela, una jovencita, hija del embajador argentino en ese país centroamericano.

El, Imad Shaban, un hombre poderoso. Parecía que la pasión sería eterna hasta que llegaron los hijos y las diferencias se hicieron insostenibles. Y aun cuando lo irremediable la ponía en las puertas de un divorcio conflictivo, nunca imaginó llegar a su casa y encontrar su hogar devastado, sin rastros de la vida que bullía horas antes.

Llamó, pero Karim, su hijo mayor, que por entonces tenía 5 años, no respondió. El muñeco de Tarzán, del que el nene no se despegaba, estaba tirado en el piso. El disfraz de Campanita de Zahira, su nena de 4, quedó colgado sin brillos. Y el trapito lleno de agujeros con el que el pequeño Sharif, de apenas un año ocho meses, se dormía, se confundía en el desorden como al descuido. El silencio atravesaba la casa; as camas quedaron desechas. Los tres meses que siguieron fueron oscuros inciertos. Gabriela no supo ada de los chicos hasta que fueron bicados en Jordania. “Al principio, e costaba mucho despertarme estar en silencio. Porque no era n silencio sereno, sino el grito del ecuestro”, recuerda hoy. Y admite o tener una noción cierta de ellaisma, en esos momentos.

Todo era Un colgante con los tres corazones, los de arim, Zahira y Sharif. A esar que los hijos de rias Uriburu nacieron n Guatemala, el caso fue razón de stado en los gobiernos e Menem, De la Rúa y uhalde. Este último, abló telefónicamente con el rey de Jordania para pedirle que los chicos pudieran viajar a la Argentina. Y ofreció la quinta presidencial.

Descarga toda la nota completa haciendo clic aquí (.pdf)

Comparte este contenido
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someoneShare on Google+Pin on PinterestPrint this page

No hay comentarios

Agregar comentario